Navidad 2011
Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:
Y LA PALABRA SE HIZO CARNE Y HABITO ENTRE NOSOTROS
Con estas palabras solemnes, San Juan Evangelista anuncia el acontecimiento más trascendental en la historia humana. Dios que creó todo de la nada a través de Su Palabra decidió “en la plenitud de los tiempos enviar a su Hijo, nacido de una mujer”. ¡Una vez que ese gran acontecimiento ocurrió en el establo de Belén, nada en este mundo podría ser igual! Ahora las esperanzas y sueños de cada persona en cada época por la vida y el amor, por la alegría y la paz ya no vendrán de lejos, ya no serán esperanza y sueños incumplidos. Ahora serán nuestros, ya que serán ofrecidos por nosotros a Dios, nuestro Padre amoroso, por medio de su único Hijo que es uno de nosotros, uno con nosotros en todo menos en el pecado.
No es de extrañar que los ángeles canten, GLORIA. No es de extrañar que los pastores respondan y se apresuren a descubrir la alegría, la esperanza y la paz en la cara de este niño acostado en un pesebre. No es de extrañar que María, cuyo SI a Dios hizo posible la venida de nuestro Salvador a nuestras vidas para compartir nuestras vidas, contempla con inefable amor Aquel a quien ella llevó en su seno, como siempre lo llevaría en su corazón.
Esta Navidad, una vez más, nos alegramos de que Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo para ser nuestro salvador. Él no será ajeno a nuestras vidas, a nuestras esperanzas, nuestras necesidades, nuestras preocupaciones, y sí, incluso nuestros fracasos. Él conoce el corazón humano, porque su corazón late como late el nuestro. Pero, a diferencia de nuestro corazón, Su corazón es insondable en su amor por todos nosotros, un amor que triunfa en última instancia, cuando Él nos ama, usque ad fidem, incluso hasta una muerte que nos hace libres.
Esta Navidad, una vez mas somos invitados a contemplarlo, a ver la esperanza reavivada en un pesebre, una vida renovada en este niño, el perdón y la reconciliación hecho realidad, y el amor, brindándonos amor eterno y paz global, la paz que tiene un nombre: Jesucristo.
Como pastor de esta Diócesis de Rockville Centre, les deseo a todos poder participar en esta nueva vida, esta nueva esperanza, esta alegría, este amor y esta paz. Les invito a abrir sus corazones el uno al otro, en sus familias y en sus comunidades, en sus parroquias y en nuestra Diócesis. Que nosotros, que hemos sido perdonados por el Hijo de Dios hecho hombre nos perdonemos unos a otros. Que nosotros, que hemos sido reconciliados por este Niño nacido de María seamos reconciliadores. Que nosotros, que pudiéramos estar sufriendo encontremos consuelo en su habitar entre nosotros. Que nosotros, que pudiéramos haber sido excluidos o sentirnos abandonados encontremos una nueva esperanza en El. Y que todos seamos constructores de paz el uno al otro, en nuestras familias y comunidades, en nuestra vecindades y parroquias. Y por favor, nunca debemos olvidar a los pobres pues Aquel, siendo rico se hizo pobre por amor a nosotros. Él ama a los pobres con un amor preferencial. Y El sabe que todos nosotros necesitamos compartir ese amor hoy más que nunca.
¡Regocíjense! Una vez más digo: ¡Regocíjense! El Verbo se hizo carne. Él habita entre nosotros. Él es Emanuel, Dios con nosotros. ¡Él es Jesús, el Cristo, el Salvador del mundo!
+William Murphy
Obispo de Rockville Centre
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